(abril 2018 - mayo 2020)
Érase una vez la testosterona,
una Historia de testosterona
inmortalizada por la testosterona,
y, al séptimo día, más testosterona.
Ésto no pasaría con testosterona,
aquí hace falta testosterona para arreglarlo,
testosterona no identificada,
testosterona cliente,
testosterona mendiga,
testosterona pudiente,
testosterona femenina,
testosterona inconsciente,
las cien mejores obras de testosterona del siglo,
un clic y testosterona,
después de medianoche, todo es testosterona.
Bar Testosterona,
recintos llenos de testosterona,
otro caso de violación archivado por testosterona,
no toda la testosterona es testosterona,
papelinas con testosterona,
papeletas para testosterona,
revistas testosterónicas
firmado: testosterona.
Ante la duda, testosterona,
o pregúntale a testosterona,
de pequeño no te dieron una buena dosis de testosterona,
despachos de testosterona,
fosas de testosterona,
o por las buenas o por testosterona,
porque sí, testosterona.
martes, 2 de junio de 2020
CUANDO SE HAYAN EXTINGUIDO LAS LÁGRIMAS
(mayo 2018 - mayo 2020)
Cuando se hayan extinguido las lágrimas,
¿quién beberá de mí?
si apenas hay carne que masticar
ni ojos que aprovechar
una vez has seguido a ciegas.
En esta montaña rusa sin barreras de seguridad,
de la que no sé bajar
y en la que me agarro como puedo,
hoy toca ascenso traqueteado,
pronto, seguro, habrán curvas,
y, quién sabe cuando, caída en picado,
sentido pésame pésimamente sentido;
abunda la sal
en cualquier mar
de desconsuelo.
¿Son ésto sentimientos
o sedimentos?
¿cuál es la enfermedad mental
en la que el corazón alborotado se ríe de la conciencia tranquila?
¿cuáles los primeros auxilios
para las heridas emocionales?
¿pido mucho a la vida
si solo pido muerte?
Mi cabeza hirvió
y quemó mi pelambrera,
encontré un público fiel
en mis lesiones,
cuando se hayan extinguido las lágrimas,
en lugar de felicidad,
quedará la lucidez más peligrosa del mundo:
el pragmatismo.
Cuando se hayan extinguido las lágrimas,
¿quién beberá de mí?
si apenas hay carne que masticar
ni ojos que aprovechar
una vez has seguido a ciegas.
En esta montaña rusa sin barreras de seguridad,
de la que no sé bajar
y en la que me agarro como puedo,
hoy toca ascenso traqueteado,
pronto, seguro, habrán curvas,
y, quién sabe cuando, caída en picado,
sentido pésame pésimamente sentido;
abunda la sal
en cualquier mar
de desconsuelo.
¿Son ésto sentimientos
o sedimentos?
¿cuál es la enfermedad mental
en la que el corazón alborotado se ríe de la conciencia tranquila?
¿cuáles los primeros auxilios
para las heridas emocionales?
¿pido mucho a la vida
si solo pido muerte?
Mi cabeza hirvió
y quemó mi pelambrera,
encontré un público fiel
en mis lesiones,
cuando se hayan extinguido las lágrimas,
en lugar de felicidad,
quedará la lucidez más peligrosa del mundo:
el pragmatismo.
lunes, 1 de junio de 2020
GINSBERG EN IBERIA
(febrero-mayo 2020)
He visto a las peores mentes de mi generación
liderar el horror masificado,
levitando en fin de semana por los barrios de clase alta
y emitido en cadenas televisivas de clase baja,
niños bien al servicio de un engranaje
revelado en conversaciones entre adultos
durante cenas en terceras residencias veraniegas
maridadas con brisa exacta y el frescor del goteo por la espalda de medias melenas mojadas,]
con el mar de fondo desde terrazas de urbanizaciones cercanas a la par que alejadas de los pueblos costeros,]
o en festivales musicales en castillos privados,
que desnudaron sus cerebros en los bolsillos de Él,
vieron cuerpos sinuosos alquilados bajo luces de neón,
y pasearon por las universidades con radiantes ojos imperturbables,
donde fueron aceptados con discreción
para absorber la retórica de los maestros de la guerra.
He visto a las peores mentes de mi generación
liderar el horror masificado,
levitando en fin de semana por los barrios de clase alta
y emitido en cadenas televisivas de clase baja,
niños bien al servicio de un engranaje
revelado en conversaciones entre adultos
durante cenas en terceras residencias veraniegas
maridadas con brisa exacta y el frescor del goteo por la espalda de medias melenas mojadas,]
con el mar de fondo desde terrazas de urbanizaciones cercanas a la par que alejadas de los pueblos costeros,]
o en festivales musicales en castillos privados,
que desnudaron sus cerebros en los bolsillos de Él,
vieron cuerpos sinuosos alquilados bajo luces de neón,
y pasearon por las universidades con radiantes ojos imperturbables,
donde fueron aceptados con discreción
para absorber la retórica de los maestros de la guerra.
viernes, 22 de mayo de 2020
I WANNA BE AN ADJECTIVE
(22 de mayo del 2020)
Espinaquiano
Espinacáceo
Espinacónico
Espinacoso
Espinaquista
Espinacófilo
Espinacador
Espinaquesco
Espinacabundo
Espinaquivo
Espinacario
Espinacadizo
Espinaquil
Espinacuense
Espinacático
Espinaquiano
Espinacáceo
Espinacónico
Espinacoso
Espinaquista
Espinacófilo
Espinacador
Espinaquesco
Espinacabundo
Espinaquivo
Espinacario
Espinacadizo
Espinaquil
Espinacuense
Espinacático
viernes, 20 de septiembre de 2019
UNA HISTORIA DE PACIENCIA
(2006)
Me planté ante mi gloria,
me arranqué el corazón,
crucé los brazos,
lo escondí entre mis manos,
la observé de esa forma,
ella me miró de cualquier manera,
pero con cierto cariño,
se cayó el corazón, lo pisé sin querer,
luego volví a ponerlo en su sitio,
y ella tendió su brazo.
Me planté ante mi gloria,
me arranqué el corazón,
crucé los brazos,
lo escondí entre mis manos,
la observé de esa forma,
ella me miró de cualquier manera,
pero con cierto cariño,
se cayó el corazón, lo pisé sin querer,
luego volví a ponerlo en su sitio,
y ella tendió su brazo.
Y me planté ante mi gloria,
me arranqué el corazón,
crucé los brazos,
lo escondí entre mis manos,
la observé de esa forma,
ella me miró de cualquier manera,
pero con cierto cariño,
se cayó el corazón, lo pisé sin querer,
luego volví a ponerlo en su sitio,
y ella tendió el brazo.
Me planté ante mi gloria,
me arranqué el corazón,
crucé los brazos,
lo escondí entre mis manos,
la observé de esa forma,
ella me miró de cualquier manera,
pero con cierto cariño,
se cayó el corazón, lo pisé sin querer,
luego volví a ponerlo en su sitio,
y ella tendió su brazo.
Me planté ante mi gloria,
me arranqué el corazón,
crucé los brazos,
lo escondí entre mis manos,
la observé de esa forma,
ella me miró de cualquier manera,
pero con cierto cariño,
se cayó el corazón, lo pisé sin querer,
luego volví a ponerlo en su sitio,
y ella tendió su brazo.
Y me planté ante mi gloria,
me arranqué el corazón,
crucé los brazos,
lo escondí entre mis manos,
la observé de esa forma,
ella me miró de cualquier manera,
pero con cierto cariño,
se cayó el corazón, lo pisé sin querer,
luego volví a ponerlo en su sitio,
y ella tendió el brazo.
miércoles, 18 de septiembre de 2019
POROS COMO GARGANTAS
(2008-2009)
“Si eres gay, eres un desperdicio”,
a mí, que estaba más que convencido;
“Silence is sexy” cantaban nuestros héroes,
lo primero que me animó fue cuando cruzabas las piernas y sujetabas con la punta de los dedos tus zapatillas,]
ahora que lo sabes, por lo que más quieras, no dejes de hacerlo,
pequeños fetichismos resguardan la llave de la atracción.
Por eso, el próximo verano déjate el biquini puesto,
a veces no te miro e imagino tu cuerpo así,
si encuentras de mal gusto el comentario, es fácil:
reléete la letra y sáltate ésto,
porque, al fin y al cabo, tienes las gracias de tu parte,
tienes al jurado de mi atención untado, guardan el diez para tu actuación,
observo plácidamente el techo cuando noto tus manos rondar sobre mis piernas,
sé que estaré un buen rato echado hacia atrás y con los brazos apartados cuando discutes por encima mío con alguien porqué no te das por vencida,]
pero ya está bien así.
“Sí, así se habla, es la actitud deseada”,
después de tanto tiempo, volví a conceder,
“la suerte nos sonríe, y si nos da la espalda, podremos reírnos de ella sin que se entere”
“sí, el vaso se llenará a base de escupir”.
Vestías toda de negro, pero no como esas góticas,
tus labios eran finos, tus dientes vivían encarcelados,
tras tus ojos vi sirenas, y supe a dónde ir.
No hace falta que jures que tú también serás de las nubes,
el cuerpo es prestado en la tierra, y tarde o temprano, todo es silencio,
la espera, no obstante, les resulta insufrible, y lo hacen notar,
ellas, envidiosas, envían lluvia para empapar mis gafas,
tan ansiosas, deseando verte llegar,
diles que tendrán que aguardar un poco más,
que aún les queda mucho mar por saquear,
que antes yo me tendré que desintegrar.
No sé si alguna vez llegué a estar tan desnudo y desprotegido ante un sentimiento,
quizá con la fractura, ese dolor que me paralizó de cuerpo entero
y que, al marcharse, solo dejó mareo,
pero en esto no hay dolor, aunque solo acierto a sonreír,
no hay mareo, aunque me cuesta mantener la razón.
Puñados de confesiones me presentan como a un traicionero sol de invierno,
ya sabes, te cosquilleo en casa, dejo que te hieles en el exterior,
no me arrepiento ni me avergüenzo de nada,
es una sentencia tan fea como cualquier otra verdad.
Día tras día, hago menos promesas, dar la palabra adquiere su verdadero peso,
la mayoría de las veces nos comprometemos en cosas que solo con el tiempo sabemos si somos capaces de realizar,
solo lo básico se asume con convicción, el resto es pura moralidad.
Hambriento de un presente de formas curvilíneas y desiguales,
voraz de algo veraz, ando dispuesto a devorarte,
dejes azúcar en las encías o lágrimas bajo el paladar.
Es magnífico toparse con algo cuando no buscas nada,
como pepitas de oro halladas pescando carpas en el río,
así que: “Pau, demana el cava, que això s'ha de celebrar!”
y “Jaume, hi ha més birra? Que això s'ha de celebrar!”
y “avi, treu el vi, que això s'ha de celebrar!”,
y al día siguiente, nada cambia,
todo sobre ti se me ocurrió cuando estaba sobrio,
te presentaste, y el cerebro empezó a dar volteretas,
mi moneda de la suerte, lo que empeore no lo veré, inmutado.
Si he de trabajármelo duro, me ganaré hasta mi última miga de pan,
si puedo descansar, ven a echarte, y estemos un rato más;
hay huellas que se borran con facilidad,
tú pisaste cemento recién esparcido,
adorarte requiere tanta ingeniería como parpadear,
solo aparta las uñas de tu boca, y no tendré nada que pedir.
Es el efecto de tener poros como gargantas,
me falta espacio donde poder escribir,
ya maldigo haber gastado dos líneas en justificar todo esto,
maldigo una tercera y una cuarta en maldecir;
y estos poros como garganta me permiten engullir,
pero engullir es un exceso, y todo termina por salir.
Cuando escribía pensando en ti, te intuía,
eres una forma de ser que andaba huérfana de carne y hueso,
ahora que se te puede admirar, activas y haces circular lo que brota de estos poros,
poros ambiciosos, hiperactivos, indomables,
no pienso apuntar hacia otra dirección, nada quiero desperdiciar,
poros que lo expulsan todo a la superfície,
mece la tranquilidad cada sensación que desemboca,
poros demasiado grandes cuando hay algo que aparentar,
pero que hace tiempo resultan sensacionalmente liberadores.
Si esto fuera 1998, esta letra estaría troceada en notitas,
las guardarías en un bolsillo y las enrollarías en tus dedos, camino a casa,
tu cajón secreto sería una selva de papel,
y madrugarías impaciente, sin darte cuenta del sueño, pensando en otro mensaje más;
esto es tiempo más tarde, las manos no escriben,
me erizo ante el sonido de la ropa frotando con tu piel,
nunca me dió por hablar, y pasará de nuevo,
pan mojado en la yema del huevo,
esta es otra lucha, pero también hay que desenvainar,
hundir el arma hasta donde logre alcanzar,
y, seguro, tras la guerra, alguien no sobrevivirá.
Como una esfinge de acero convertida en arcilla,
desprovista de tu filosofía; patología: hipocondría emocional,
no me importa que estés inquieta por no ver normal tanto tiempo sin que algo vaya mal,
tu piensas demasiado, y yo sigo aquí.
No dejes de sonrojarte todavía,
aún tengo mucho que decir sobre ti,
esto te pasa por contarle a tus amigas que tu chico escribe poesía,
jódete, con cariño;
sabes que nunca seré desagradable contigo,
solo que ahora hablo en alto, y coincide con que escuchas.
Ayer, mientras volvías del trabajo, me quedé a solas con Susanna,
tu hermana me explicó lo de su novio y el motel,
de cómo se quedaron dormidos en lugar de vestirse, y el amo vino a aporrear la puerta de la habitación,]
luego, lo comentaron por la calle, avergonzados y sorprendidos,
y rieron, rieron, rieron,
rieron, rieron y rieron más.
También quiso saber qué es lo que me engancha de ti,
yo, para abreviar: “que tiene una belleza elegante, no explosiva,
de las que el tiempo nunca logra estropear”.
Me alegra saber que la estampa no la dibujé,
tú, yo, las leónidas y sin viento, además,
un lago que esconde cuerpos escamados,
estaba tan bien afeitado que preferías acariciarme a besarme.
De vuelta, la agotada noche de verano nos acompaña a la estación,
miramos a los guapos y a las guapas que se cruzan con nosotros porque es agradable,
relacionamos las conversaciones de la gente que habla por el móvil en un mismo lugar,
sabemos que no debemos ofuscarnos con nada, nos podemos encontrar de todo.
Estando ciego ante ti, distingo ciertas sombras alrededor,
veo a la violencia innata de las personas reinar,
tipos que disfrutan de que otros coman de su mano,
las ciudades con muros restan oscurecidas,
la vida te deja los dedos marcados en la mejilla,
los pájaros no cantan, o, por lo menos, no quiero ser tan duro con los vecinos,
y el mundo sigue siendo bien feo, pero eso ya es de nacimiento.
“Si eres gay, eres un desperdicio”,
a mí, que estaba más que convencido;
“Silence is sexy” cantaban nuestros héroes,
lo primero que me animó fue cuando cruzabas las piernas y sujetabas con la punta de los dedos tus zapatillas,]
ahora que lo sabes, por lo que más quieras, no dejes de hacerlo,
pequeños fetichismos resguardan la llave de la atracción.
Por eso, el próximo verano déjate el biquini puesto,
a veces no te miro e imagino tu cuerpo así,
si encuentras de mal gusto el comentario, es fácil:
reléete la letra y sáltate ésto,
porque, al fin y al cabo, tienes las gracias de tu parte,
tienes al jurado de mi atención untado, guardan el diez para tu actuación,
observo plácidamente el techo cuando noto tus manos rondar sobre mis piernas,
sé que estaré un buen rato echado hacia atrás y con los brazos apartados cuando discutes por encima mío con alguien porqué no te das por vencida,]
pero ya está bien así.
“Sí, así se habla, es la actitud deseada”,
después de tanto tiempo, volví a conceder,
“la suerte nos sonríe, y si nos da la espalda, podremos reírnos de ella sin que se entere”
“sí, el vaso se llenará a base de escupir”.
Vestías toda de negro, pero no como esas góticas,
tus labios eran finos, tus dientes vivían encarcelados,
tras tus ojos vi sirenas, y supe a dónde ir.
No hace falta que jures que tú también serás de las nubes,
el cuerpo es prestado en la tierra, y tarde o temprano, todo es silencio,
la espera, no obstante, les resulta insufrible, y lo hacen notar,
ellas, envidiosas, envían lluvia para empapar mis gafas,
tan ansiosas, deseando verte llegar,
diles que tendrán que aguardar un poco más,
que aún les queda mucho mar por saquear,
que antes yo me tendré que desintegrar.
No sé si alguna vez llegué a estar tan desnudo y desprotegido ante un sentimiento,
quizá con la fractura, ese dolor que me paralizó de cuerpo entero
y que, al marcharse, solo dejó mareo,
pero en esto no hay dolor, aunque solo acierto a sonreír,
no hay mareo, aunque me cuesta mantener la razón.
Puñados de confesiones me presentan como a un traicionero sol de invierno,
ya sabes, te cosquilleo en casa, dejo que te hieles en el exterior,
no me arrepiento ni me avergüenzo de nada,
es una sentencia tan fea como cualquier otra verdad.
Día tras día, hago menos promesas, dar la palabra adquiere su verdadero peso,
la mayoría de las veces nos comprometemos en cosas que solo con el tiempo sabemos si somos capaces de realizar,
solo lo básico se asume con convicción, el resto es pura moralidad.
Hambriento de un presente de formas curvilíneas y desiguales,
voraz de algo veraz, ando dispuesto a devorarte,
dejes azúcar en las encías o lágrimas bajo el paladar.
Es magnífico toparse con algo cuando no buscas nada,
como pepitas de oro halladas pescando carpas en el río,
así que: “Pau, demana el cava, que això s'ha de celebrar!”
y “Jaume, hi ha més birra? Que això s'ha de celebrar!”
y “avi, treu el vi, que això s'ha de celebrar!”,
y al día siguiente, nada cambia,
todo sobre ti se me ocurrió cuando estaba sobrio,
te presentaste, y el cerebro empezó a dar volteretas,
mi moneda de la suerte, lo que empeore no lo veré, inmutado.
Si he de trabajármelo duro, me ganaré hasta mi última miga de pan,
si puedo descansar, ven a echarte, y estemos un rato más;
hay huellas que se borran con facilidad,
tú pisaste cemento recién esparcido,
adorarte requiere tanta ingeniería como parpadear,
solo aparta las uñas de tu boca, y no tendré nada que pedir.
Es el efecto de tener poros como gargantas,
me falta espacio donde poder escribir,
ya maldigo haber gastado dos líneas en justificar todo esto,
maldigo una tercera y una cuarta en maldecir;
y estos poros como garganta me permiten engullir,
pero engullir es un exceso, y todo termina por salir.
Cuando escribía pensando en ti, te intuía,
eres una forma de ser que andaba huérfana de carne y hueso,
ahora que se te puede admirar, activas y haces circular lo que brota de estos poros,
poros ambiciosos, hiperactivos, indomables,
no pienso apuntar hacia otra dirección, nada quiero desperdiciar,
poros que lo expulsan todo a la superfície,
mece la tranquilidad cada sensación que desemboca,
poros demasiado grandes cuando hay algo que aparentar,
pero que hace tiempo resultan sensacionalmente liberadores.
Si esto fuera 1998, esta letra estaría troceada en notitas,
las guardarías en un bolsillo y las enrollarías en tus dedos, camino a casa,
tu cajón secreto sería una selva de papel,
y madrugarías impaciente, sin darte cuenta del sueño, pensando en otro mensaje más;
esto es tiempo más tarde, las manos no escriben,
me erizo ante el sonido de la ropa frotando con tu piel,
nunca me dió por hablar, y pasará de nuevo,
pan mojado en la yema del huevo,
esta es otra lucha, pero también hay que desenvainar,
hundir el arma hasta donde logre alcanzar,
y, seguro, tras la guerra, alguien no sobrevivirá.
Como una esfinge de acero convertida en arcilla,
desprovista de tu filosofía; patología: hipocondría emocional,
no me importa que estés inquieta por no ver normal tanto tiempo sin que algo vaya mal,
tu piensas demasiado, y yo sigo aquí.
No dejes de sonrojarte todavía,
aún tengo mucho que decir sobre ti,
esto te pasa por contarle a tus amigas que tu chico escribe poesía,
jódete, con cariño;
sabes que nunca seré desagradable contigo,
solo que ahora hablo en alto, y coincide con que escuchas.
Ayer, mientras volvías del trabajo, me quedé a solas con Susanna,
tu hermana me explicó lo de su novio y el motel,
de cómo se quedaron dormidos en lugar de vestirse, y el amo vino a aporrear la puerta de la habitación,]
luego, lo comentaron por la calle, avergonzados y sorprendidos,
y rieron, rieron, rieron,
rieron, rieron y rieron más.
También quiso saber qué es lo que me engancha de ti,
yo, para abreviar: “que tiene una belleza elegante, no explosiva,
de las que el tiempo nunca logra estropear”.
Me alegra saber que la estampa no la dibujé,
tú, yo, las leónidas y sin viento, además,
un lago que esconde cuerpos escamados,
estaba tan bien afeitado que preferías acariciarme a besarme.
De vuelta, la agotada noche de verano nos acompaña a la estación,
miramos a los guapos y a las guapas que se cruzan con nosotros porque es agradable,
relacionamos las conversaciones de la gente que habla por el móvil en un mismo lugar,
sabemos que no debemos ofuscarnos con nada, nos podemos encontrar de todo.
Estando ciego ante ti, distingo ciertas sombras alrededor,
veo a la violencia innata de las personas reinar,
tipos que disfrutan de que otros coman de su mano,
las ciudades con muros restan oscurecidas,
la vida te deja los dedos marcados en la mejilla,
los pájaros no cantan, o, por lo menos, no quiero ser tan duro con los vecinos,
y el mundo sigue siendo bien feo, pero eso ya es de nacimiento.
sábado, 14 de septiembre de 2019
AMANECER DE UN MAL AMANTE
(marzo 2009)
Marcia no tiene ropa para la lluvia,
se viste dos veces al día,
cuelga una manga de la cesta,
deja una estela mojada.
Meo fuerte, y el chorro da en la tapa,
no está bien, pero es peor parar,
termino, y me proveo de papel higiénico,
logro limpiar todo el estropicio.
La habitación, como sacada del bolsillo,
siempre tarda en vaciarse tras ser abandonada,
los surcos de la persiana bajada dejan entrever la fortuna del mundo,
mis bambas pisoteadas junto a las patas de la cama,
y me visto tras recoger los calzoncillos hechos un ovillo,
la ropa se adhiere a la piel por el sudor reseco,
su olor es penetrante y concentrado.
Marcia es otra en silencio,
¿cuántas de ellas habrá?
recién levantada su pelo se enmaraña más,
come tostadas, hojeando un diario de anteayer,
“nada nuevo”, dice que dice cuando me intereso,
luego me pregunta si ahora iré a recoger las camisetas,
respondo que sí, pero ya le había dicho que iba a pasarme por la tarde,
me ofrece desayunos y los rehúso con naturalidad,
sigue con el diario y la tostada por la mitad,
me fijo de nuevo en sus tetas, porque no se las volveré a ver,
está claro, para qué otras señas,
anoche no le explotaron las venas pequeñas,
así que me despido, y pido por mi paraguas,
se levanta y me lo trae, se para en la ventana, mientras me pongo la chaqueta,
y dice, mirando al cielo: “no se cansa de llover”.
Marcia no tiene ropa para la lluvia,
se viste dos veces al día,
cuelga una manga de la cesta,
deja una estela mojada.
Meo fuerte, y el chorro da en la tapa,
no está bien, pero es peor parar,
termino, y me proveo de papel higiénico,
logro limpiar todo el estropicio.
La habitación, como sacada del bolsillo,
siempre tarda en vaciarse tras ser abandonada,
los surcos de la persiana bajada dejan entrever la fortuna del mundo,
mis bambas pisoteadas junto a las patas de la cama,
y me visto tras recoger los calzoncillos hechos un ovillo,
la ropa se adhiere a la piel por el sudor reseco,
su olor es penetrante y concentrado.
Marcia es otra en silencio,
¿cuántas de ellas habrá?
recién levantada su pelo se enmaraña más,
come tostadas, hojeando un diario de anteayer,
“nada nuevo”, dice que dice cuando me intereso,
luego me pregunta si ahora iré a recoger las camisetas,
respondo que sí, pero ya le había dicho que iba a pasarme por la tarde,
me ofrece desayunos y los rehúso con naturalidad,
sigue con el diario y la tostada por la mitad,
me fijo de nuevo en sus tetas, porque no se las volveré a ver,
está claro, para qué otras señas,
anoche no le explotaron las venas pequeñas,
así que me despido, y pido por mi paraguas,
se levanta y me lo trae, se para en la ventana, mientras me pongo la chaqueta,
y dice, mirando al cielo: “no se cansa de llover”.
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